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Camino de Medina de Rioseco-Tamariz de CamposImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contexto Al salir de Medina de Rioseco, existen dos opciones, la primera de ellas dirige sus pasos a Berrueces, y desde allí a Moral de la Reina. La segunda opción, más aconsejable y utilizada por la mayoría de los peregrinos, transita por las sendas del Canal de Castilla, en su Ramal de Campos.

No es una exageración hablar del Canal de Castilla como un oasis que, en mitad de la llanura cerealista, rasgara con su verdor la monotonía del paisaje: basta un vistazo a cualquier fotografía aérea para comprobarlo.

Por suerte para el caminante o el ciclista, los próximos 8 kilómetros discurren por el interior de ese túnel vegetal exuberante hasta alcanzar la esclusa séptima del Ramal de Campos.

Como parte de la infraestructura que acompañó la construcción del Canal de Castilla en su momento, se dispusieron todo a lo largo de su trazado unos caminos paralelos y cercanos al cauce cuya finalidad era permitir el paso de los animales encargados de arrastrar las embarcaciones cuando estas navegaban contra la corriente o era necesario acelerar su velocidad.

Son los llamados caminos de sirga, que sirven como maravillosos senderos por los que es posible recorrer a pie o en bicicleta los 200 kilómetros del trazado total del canal.

Para el peregrino hacia Compostela por estas tierras el trayecto recorrido junto al canal quedará en la memoria como uno de sus tramos más memorables.

Para quienes opten por esta opción, la salida de Medina de Rioseco hay que buscarla, por tanto, en la dársena del canal. Su estampa, compuesta por la vieja fábrica harinera y una hilera de almacenes, es capaz de evocar el trajín de embarcaciones que iban y venían por la llanura cargadas de mercancías y viajeros.

Buscando el final de la dársena puede tomarse cualquier de los dos caminos de sirga, el que corre por la derecha o por la izquierda. Además, puede cambiarse de lado al alcanzar cualquiera de los puentes que, de trecho en trecho, se encuentran.

La recuperación de este entorno ha permitido volver a poner en funcionamiento la última de las esclusas de este ramal y, con ello, hacer que la navegación por él vuelva a ser una realidad.

En el sistema diseñado por los ingenieros del canal las esclusas eran fundamentales para salvar el inevitable desnivel que se iba produciendo de unos puntos a otros. Ello era posible gracias al conjunto de vasos y compuertas que, al cerrarse con la embarcación en su interior, funcionaban como un auténtico elevador hidráulico poniéndola, más arriba o más abajo, en el siguiente tramo.

Así la ven funcionar quienes realizan los viajes del barco Antonio de Ulloa que parte de la dársena de Rioseco. Desde ella el camino prosigue en dirección norte, con el perfil de Tamariz ya a la vista, donde se llega en 3 km.

La entrada en Tamariz de Campos se realiza casi de puntillas para no provocar temblores, al paso junto a la torre de San Juan Bautista. Tal es el estado de ruina que presentan los dos lienzos que quedan en pie y el tramo de pared que aún conserva una portada renacentista. La torre estuvo entera hasta diciembre de 1995, en que un ligero temblor debió descabalar los equilibrios y hundir sus otras dos paredes. Su interior ya había empezado a desvalijarse antes con la salida, hacia mitad del siglo XX, del altar mayor para amueblar el presbiterio de la catedral de Santander.

Vista otoñal del Canal de Castilla La portada podría fecharse hacia 1554. El otro templo de Tamariz está dedicado a san Pedro y presenta el aliciente de haber conservado la portada románica del templo sobre el que se construyó este. Muy cerca, en el Corro de San Antón, queda la fuente conocida como de Don Purpurino, tal como se alude al Mercurio romano que la adorna en su cúspide y que llegó a Tamariz en 1952 exiliado de la capital vallisoletana donde, con anterioridad, había ejercido de adorno sobre la Fuente Dorada.

El aspecto que adquirió el dios romano tras pintarle de purpurina para estar acorde con el color del monumento motivó la mofa de los vallisoletanos y la piedad del alcalde que no encontró otra salida que enviarlo a Tamariz, procurándole así un retiro más respetable.

En ese corro se alza el caserón que ocupara la Inquisición en la villa. Y frente al Ayuntamiento está lo que queda del que habitó la reina Leonor, que estuvo aquí con sus hijos en 1354. A medio camino entre Tamariz de Campos y Villabaruz -2 km-, se localiza la ermita de la Virgen del Castillo.

La Laguna de Tamariz

Al poco de partir de la esclusa séptima vuelve a presentarse un pretexto para la parada. A penas a 500 metros se halla ubicada una caseta de observación ornitológica desde la que es posible espiar, según la época del año, la vida silvestre de la Laguna de Tamariz.

Con una extensión de 18 hectáreas y una profundidad máxima de 30 centímetros, es capaz de aglutinar a una variada comunidad avícola que encuentra refugio también en la cercana ripisilvia del canal.

Esta laguna, de carácter estacional, está en su mejor momento en los periodos lluviosos de la primavera y el otoño, aunque recibe aportación artificial del río Sequillo. En su entorno se han llegado a identificar hasta 168 especies de aves. En invierno pueden verse ánsares comunes, ánades silbones o cercetas comunes. En primavera puede localizarse la focha común o al aguilucho lagunero.

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