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Peñaflor de Hornija - Castromonte: 8,8 km

Desnivel acumulado de subida: 66 m / Desnivel acumulado de bajada: 69 m /Altitud máxima: 844 m / Altitud mínima: 773 m

Peñaflor de Hornija - La Santa Espina - Castromonte: 20,15 km

Desnivel acumulado de subida: 114 m / Desnivel acumulado de bajada: 112 m /Altitud máxima: 844 m / Altitud mínima: 773 m


Croquis de la etapa Peñaflor de Hornija - CastromonteImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contextoBordeando el cerro sobre el que se asienta la población se localiza, por la parte norte, la bajada al valle. En su fondo está el paso sobre el Hornija y la forma de alcanzar el cruce de carreteras que llevan hacia La Mudarra, Torrelobatón y La Santa Espina. El Camino prosigue hacia esta, de frente. Pero sólo para desviarse 100 metros más adelante por la pista agrícola que nace por la derecha. De nuevo toca encaramarse a la rasa del páramo y caminar sin dejarse abrumar por la horizontalidad del paisaje hasta el siguiente desvío. Este se produce a 1,2 km de la carretera (N41 43.559 W5 00.051) y en él habrá de decidirse si continuar directamente hacia Castromonte o si se visita antes el monasterio de la Santa Espina. El primero cuenta con albergue, el segundo con punto de acogida.


Quien decida saltarse la visita a tan emblemático lugar, girará hacia la derecha para tomar después el primer desvío hacia la izquierda y acometer el tramo de 6,5 km que, por el Camino de la Lanchita, median desde allí hasta esa localidad, atravesando antes, más o menos a mitad de trayecto, una mancha boscosa de encinas jóvenes en medio de las cuales se halla el caserío del Tenadillo, a un costado del camino, oculto por las encinas.


Pero quien no lleve demasiada prisa no debería obviar un alto en el monasterio de la Santa Espina antes de encaminarse desde allí hacia Castromonte. Para ello, en el cruce donde se presentó esta opción (N41 43.559 W5 00.051), el peregrino ha de seguir de frente, en dirección noroeste, por el camino de Carramolamiel durante 2,1 km para, al entroncar con otro camino (N41 44.198 W5 01.335) girar a la izquierda, poco después a la derecha y de nuevo otra vez hacia la izquierda (N41 44.419 W5 01.796) hasta salir a la carretera que enlaza Castromonte –por la izquierda- y San Pelayo. El camino prosigue del otro lado de la carretera, con orientación oeste, hasta alcanzar en 3,2 km el borde del vallejo por el que corre el arroyo de Valdelanoria (N41 44.181 W5 04.448). Sin descender a él, siguiendo en paralelo a las líneas de alta tensión, se acaba por salir a la carretera que, ahora sí, desciende a la vaguada donde aguarda el monasterio cisterciense de La Santa Espina.


Monasterio de la Santa EspinaImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contextoLa ubicación en este lugar de los Montes Torozos de un monasterio cisterciense es deseo expreso de la infanta doña Sancha de Castilla que impulsó su fundación en torno al año 1147. De sus primitivas hechuras cistercienses sólo conserva la Sala Capitular, la sacristía y la biblioteca. El monasterio cobró progresiva importancia, sobre todo a partir del siglo XIV. La iglesia, iniciada en el siglo XII pero largamente reformada, aparece parca en decoración. Cuenta con dos claustros, de los siglos XVI y XVII. Desde 1888 es centro educativo dedicado a la formación agrícola de los jóvenes, y desde 1956 sede de la Escuela de Capataces. En este lugar apartado tuvo ocasión el encuentro, en septiembre de 1559, de dos hermanos que hasta ese momento habían permanecido ajenos el uno al otro: el rey Felipe II y su hermano, Juan de Austria, que, como hijo ilegítimo del emperador Carlos I, había sido criado en secreto en el cercano pueblo de Villagarcía. Un terrible incendio acaecido en 1731 acabó con buena parte de las dependencias, que fueron reconstruidas posteriormente, como los dos claustros y la fachada del templo. Quien decida caminar hasta aquí por ver la espina de Cristo debe saber que esta existe y se venera en la iglesia pero que sólo se muestra el Viernes Santo.


La asociación Aperos del Ayer tiene un pequeño museo con herramientas y utensilios del ámbito de la tradición rural.


El viaje de una espina

La tradición recoge como cierto que en el monasterio de la Santa Espina se venera un auténtico trozo de la corona espinosa de Cristo. De cómo llegó hasta aquí existen dos versiones. Una dice que doña Sancha de Castilla, hermana de Alfonso VII, buscaba una reliquia importante que le sirviera como excusa para impulsar una fundación monástica en el lugar. Y que con ese ánimo acudió al rey de Francia, Luis el Joven, quien conservaba un trozo de la corona que Carlomagno, a su vez, habría traído de Constantinopla. Otras versiones cuentan que la espina pertenecía a otro monasterio fundado con mucha anterioridad en los Torozos.


Para dirigirse desde aquí hasta Castromonte se dan dos opciones. La más directa (7 km) consiste en dirigirse hacia el embalse de la Santa Espina y remontar por su orilla derecha el curso del Bajoz. Está más o menos señalizado y no tiene pérdida. Para ello hay que tomar la carretera en dirección a Castromonte hasta encontrar, en una curva donde finalizan las tapias del monasterio, la pista de tierra que lleva hasta el embalse. Una vez en él hay que bordearlo por el sendero que recorre su orilla izquierda hasta que, pasado este, un pontoncillo permita cruzar a la orilla derecha del Bajoz. A partir de ahí basta remontar el curso del río hasta Castromonte.


Embalse de la Santa EspinaImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contextoOtra opción es, desde el monasterio, desandar el último tramo recorrido, por la carretera, para retomar la pista agrícola que nos trajo hasta ella. Al alcanzarla se volverá a bordear el valle del arroyo de Valdelanoria, ahora en dirección noreste, hasta que finalice tanto la hendidura natural como la mancha de verdor que lo acompaña (N41 44.668 W5 03.891). En ese punto se habrá de seguir durante 3,3 km, en absoluta línea recta y dirección noreste, hasta arribar a Castromonte.


Aunque perdió su cincho defensivo en el transcurso del siglo XIX, la localidad fue hasta entonces una más de cuantas encontraban en ellas el refuerzo a una protección que la planitud del territorio circundante apenas les otorgaba, como Urueña o Peñaflor de Hornija. Pero esta localidad sí ha conservado en la formación de su topónimo la condición de castro fortificado de la que ya gozó en tiempo de los romanos. Durante la Edad Media pasó a ser señorío de Juan Alfonso de Alburquerque y de los Almirantes de Castilla. De aquel pasado de noblezas e hidalguías le han quedado entre las calles varios jirones, como los escudos en piedra que aún cuelgan de las fachadas de algunas casas de la calle Almirante. En un lateral de la plaza se alza la iglesia de la Purísima Concepción, de mediados del siglo XVI. Su interior alberga tallas de los siglos XVI al XVIII, relieves renacentistas y pinturas del XVII.


Además de por la alfombra de verdor que extiende el paso del Bajoz a los pies de Castromonte, esta localidad es famosa por la calidad y abundancia de sus manantiales, alguno de ellos aprovechado en el pasado para el embotellamiento de un agua mineral, que tiene entre sus virtudes ayudar a disolver las piedras de riñón.


ESCAPADAS


Escapada a San Cebrián de MazoteImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contextoSan Cebrián de Mazote

A principios del siglo X, con una Reconquista que comenzaba a consolidarse en los territorios del norte, llegó al valle del Bajoz un grupo de huidos -creyentes cristianos que habían vivido en territorio islámico- procedente de Córdoba. Obra suya es la hermosa basílica que se alza en esta localidad y que es resto de un extinguido convento. Se trata de uno de los monumentos de estilo mozárabe más importantes de la Península. A la vista están el refinamiento de sus artesonados y capiteles, así como la armoniosa distribución de arcos y espacios. Alberga una valiosa virgen de alabastro de Inocencio Berruguete.

Ayuntamiento: 983 78 01 47

Web: sancebriandemazote.ayuntamientosdevalladolid.esEste enlace se abrirá en una ventana nueva


Escapada a UrueñaImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contextoUrueña - Villa del Libro

Su perfil de población encastillada al borde mismo del páramo, con unas buenas vistas sobre la llanura circundante, le confiere una de las estampas más personales y auténticas de toda la provincia. De hecho, luce el recinto amurallado mejor conservado y uno de los cascos urbanos con mayor sabor medieval. Hoy esas mismas calles se han convertido, por impulso de la Diputación de Valladolid, en la primera Villa del Libro de España. Gracias a ello sus calles se han poblado de librerías, establecimientos y negocios cuya vida gira en torno al libro y la edición. Lo mismo que la programación cultural que desarrolla el Centro e-LEA. Entre esas mismas calles se localiza la casona de la Mayorazga, edificio del siglo XVIII, en el que se ubica el Centro Etnográfico Joaquín Díaz, con interesantes colecciones de instrumentos musicales tradicionales y grabados. Anejo a él se sitúa el museo de las Campanas, único en su género. Otros espacios expositivos de la localidad son el museo de la Música, del compositor Luis Delgado, y el Museo del Gramófono, único en España dedicado a este aparato. Además de visitar la iglesia de Santa María del Azogue, hay que acercarse hasta la puerta de la Villa, con amplias vistas, y llegarse hasta la ermita de la Anunciada, a extramuros, para conocer el único templo de estilo románico lombardo de Castilla y León.

Oficina de Turismo: Plaza Mayor, 1. Tel. 983 71 74 75

Web: urueña.esEste enlace se abrirá en una ventana nueva

Web: Villa del LibroEste enlace se abrirá en una ventana nueva


Escapada a Villagarcía de CamposImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contextoVillagarcía de Campos

El gran edificio de Villagarcía es la colegiata de San Luis, importante noviciado jesuita. Los trazos de su iglesia son de Rodrigo Gil de Hontañón, mientras que el diseño del altar mayor corresponde a Juan de Herrera. Alberga, además, un interesante museo en el que, entre otras cosas, se muestran piezas curiosas, como la prensa de una imprenta creada en 1730, una reproducción del cuarto en el que vivió y escribió el padre Isla o un bellísimo relicario construido en 1660. También pueden visitarse las ruinas del castillo-palacio en el que pasara parte de su infancia don Juan de Austria, hijo ilegítimo del emperador Carlos I y comandante vencedor en la batalla de Lepanto. El palacio, del siglo XVI, era propiedad de Luis de Quijada, mayordomo del emperador a quien encargó la educación en secreto de su hijo, que durante esa etapa fue conocido como Jeromín. La Ruta de Jeromín enlaza desde la capital vallisoletana varios lugares relacionados con este importante personaje de la Historia de España.

Ayuntamiento: 983 71 70 03

Colegiata de San Luis: 983 71 70 32

Web: museovillagarcia.esEste enlace se abrirá en una ventana nueva



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