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Camino de Peñaflor-CastromonteImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contexto Bordeando el cerro sobre el que se asienta la población se localiza, por la parte norte, la bajada al valle. En su fondo está el paso sobre el Hornija y la forma de alcanzar el cruce de carreteras que llevan hacia La Mudarra, Torrelobatón y La Santa Espina. El Camino prosigue hacia ésta, de frente, pero sólo para desviarse 100 metros más adelante por la pista agrícola que nace por la derecha.

De nuevo toca encaramarse a la rasa del páramo y caminar sin dejarse abrumar por la horizontalidad del paisaje hasta el desvío. Éste se produce a 1,2 km de la carretera (N41 43.559 W5 00.051) y en él habrá de decidirse si continuar directamente hacia Castromonte o si se visita antes el monasterio de la Santa Espina.

El primero cuenta con albergue, el segundo con punto de acogida. Quien decida saltarse la visita a tan emblemático lugar, girará hacia la derecha para tomar después el primer desvío hacia la izquierda y acometer el tramo de 6,5 km que median desde allí hasta esa localidad, atravesando antes, más o menos a mitad de trayecto, una mancha boscosa de encinas jóvenes en medio de las cuales se halla el caserío del Tenadillo, a un costado del camino, oculto por las encinas.

Quien no lleve demasiada prisa no debería obviar un alto en el monasterio de la Santa Espina antes de encaminarse desde allí hacia Castromonte. Para ello, en el cruce donde se presentó esta opción (N41 43.559 W5 00.051), velado por unos almendros solitarios.

El peregrino ha de seguir de frente, en dirección noroeste, por el camino de Carramolamiel durante 2,1 km para, al entroncar con otro camino (N41 44.198 W5 01.335) girar a la izquierda.

Poco después a la derecha y de nuevo otra vez hacia la izquierda (N41 44.419 W5 01.796) hasta salir a la carretera que enlaza Castromonte -por la izquierda y San Pelayo. En este lugar apartado tuvo ocasión el encuentro, en septiembre de 1559, de dos hermanos que hasta ese momento habían permanecido ajenos el uno al otro. El rey Felipe II y su hermano, Juan de Austria, que, como hijo ilegítimo del emperador Carlos I, había sido criado en secreto en el cercano pueblo de Villagarcía.

Fachada de la iglesia de La Santa Espina El camino prosigue del otro lado de la carretera, con orientación oeste, hasta alcanzar en 3,2 km el borde del vallejo por el que corre el arroyo de Valdelanoria (N41 44.181 W5 04.448). Sin descender a él, siguiendo en paralelo a las líneas de alta tensión, se acaba por salir a la carretera que, ahora sí, desciende a la vaguada donde aguarda el monasterio cisterciense de La Santa Espina.

La ubicación en este lugar de los Montes Torozos de un monasterio cisterciense es deseo expreso de la infanta doña Sancha de Castilla que impulsó su fundación en torno al año 1147.

De sus primitivas hechuras cistercienses sólo conserva la Sala Capitular, la sacristía y la biblioteca. El monasterio cobró progresiva importancia, sobre todo a partir del siglo XIV. La iglesia, iniciada en el siglo XII pero largamente reformada, aparece parca en decoración. Cuenta con dos claustros, de los siglos XVI y XVII.

Desde 1888 es centro educativo dedicado a la formación agrícola de los jóvenes, y desde 1956 sede de la Escuela de Capataces. Un terrible incendio acaecido en 1731 acabó con buena parte de las dependencias, que fueron reconstruidas posteriormente, como los dos claustros y la fachada del templo.

Quien decida caminar hasta aquí por ver la espina de Cristo debe saber que esta existe y se venera en la iglesia pero que sólo se muestra el Viernes Santo.

La asociación Aperos del Ayer tiene un pequeño museo con herramientas y utensilios del ámbito de la tradición rural.

Para dirigirse desde aquí hasta Castromonte se dan varias opciones. La más directa consiste en desandar el último tramo recorrido, por la carretera, para retomar la pista agrícola que nos trajo hasta ella. Al alcanzarla se volverá a bordear el valle del arroyo de Valdelanoria, ahora en dirección noreste hasta que finalice tanto la hendidura natural como la mancha de verdor que lo acompaña (N41 44.668 W5 03.891).

Casa Consistorial de Castromonte En ese punto se habrá de seguir durante 3,3 km, en absoluta línea recta y dirección noreste, hasta arribar a Castromonte. Aunque perdió su cincho defensivo en el transcurso del siglo XIX, la localidad fue hasta entonces una más de cuantas encontraban en ellas el refuerzo a una protección que la planitud del territorio circundante apenas les otorgaba, como Urueña o Peñaflor de Hornija.

Pero esta localidad sí ha conservado en la formación de su topónimo la condición de castro fortificado de la que ya gozó en tiempo de los romanos. Durante la Edad Media pasó a ser señorío de Juan Alfonso de Alburquerque y de los Almirantes de Castilla. De aquel pasado de noblezas e hidalguías le han quedado entre las calles varios jirones. Como los escudos en piedra que aún cuelgan de las fachadas de algunas casas de la calle Almirante.

En un lateral de la plaza se alza la iglesia de la Purísima Concepción, de mediados del siglo XVI. Su interior alberga tallas de los siglos XVI al XVIII, relieves renacentistas y pinturas del XVII. Además de por la alfombra de verdor que extiende el paso del Bajoz a los pies de Castromonte, esta localidad es famosa por la calidad y abundancia de sus manantiales, alguno de ellos aprovechado para el embotellamiento de un agua mineral que tiene entre sus virtudes ayudar a disolver las piedras de riñón.

El viaje de una espina

Sala capitular del monasterio de La Santa Espina La tradición recoge como cierto que en el monasterio de la Santa Espina se venera un auténtico trozo de la corona espinosa de Cristo.

De cómo llegó hasta aquí existen dos versiones. Una dice que doña Sancha de Castilla, hermana de Alfonso VII, buscaba una reliquia importante que le sirviera como excusa para impulsar una fundación monástica en el lugar. Y que con ese ánimo acudió al rey de Francia, Luis el Joven, quien conservaba un trozo de la corona que Carlomagno, a su vez, habría traído de Constantinopla.

Otras versiones cuentan que la espina pertenecía a otro monasterio fundado con mucha anterioridad en los Torozos.

Escapadas

  • Iglesia

    San Cebrián de Mazote

    Su iglesia es el monumento arquitectónico más importante de la comarca. Es de estilo mozárabe, del s.X. Tiene dos ermitas, la del Cristo del Humilladero y la de Cristo de Santas Martas, y un antiguo convento de religiosas dominicas del s.XIV.

  • Villagarcía de Campos

    Villagarcía de Campos

    Representa la inmensidad de la Tierra de Campos, campos amarillos en verano entremezclado con el verde del maiz.La Colegiata de San Luis es del s.XVI. Gran importancia del antiguo Hospital de Magdalena destruido por un incendio. El castillo está en ruinas.

  • Villa del Libro

    Villa del LibroUrueña

    Es la primera Villa del Libro en España y constituye un espacio donde los libros atraen a los viajeros que buscan nuevas experiencias. Un punto de encuentro para profesionales y curiosos que han hecho de los libros y todo lo que les rodea, una manera de vi...

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