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Flora y fauna según Delibes...

FLORA:

El ÁLAMO en Miguel Delibes:

ÁLAMOImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contextoLa sombra del ciprés es alargada

La noche estaba oscura y los copos descendían lentamente, como si cada uno utilizara en su descenso un invisible paracaídas; luego se posaban sobre la plaza o sobre los añosos álamos con una lenidad de caricia y alguno, más alborotador, volvía a levantar su vuelo, arrastrado por el viento, para tornar a posarse unos metros más allá.


El Populus alba es “el árbol del pueblo” blanco. También se le conoce como álamo común óchopo blanco.

Es un árbol caducifolio, propio de zonas templadas, con capacidad de crecimiento rápido, que puede llegar hasta los 30 metros de altura. La corteza es lisa y blanquecina, aunque en la parte inferior se oscurece a gris, con grietas negruzcas.

Las hojas son palmeadas, con el borde serrado y una capa de pelos blanquecina en el envés, que le da aspecto lechoso a toda la copa -de ahí el nombre de álamo blanco, chopo blanco-.


Para los romanos ya era un árbol importante en su cultura y se plantaba un álamo en el foro, en la plaza principal, por lo que se le acabó conociendo como el árbol popular, el “Populus”.

Su corteza se usó para extraer taninoscon los quecurtir y la madera para imaginería y carpintería. Hoy, un uso principal es el de pasta de celulosa y como árbol ornamental, en alamedas y líneas de jardinería.

FAUNA:

La BARIBAÑUELA en Miguel Delibes:

El último coto

"Desconozco la razón por la que en estos pagos de La Lora llaman baribañuela al alimoche, pero es un apelativo más suave, más poético, más musical, siquiera case mal con el aspecto carroñero del bicho. Pero ahí está el nombre: baribañuela, para los amantes de localismos y dialectólogos"


La BARIBAÑUELAImagen en alta resolución. Este enlace se abrirá mediante lightbox, puede haber un cambio de contextoNombre científico: Neophron percnopterus

Nombre común más empleado: alimoche

Otros nombres castellanos: abanto, boñiguero, buitre sabio, guandilla, zapiquera

El precioso nombre de baribañuela –tan poético como el de zapiquera– se le da al alimoche, el buitre más pequeño de nuestra fauna. En vuelo se le distingue muy bien por su plumaje blanco con los extremos de las alas negros. La cola tiene forma puntiaguda, una ancha punta de lanza.

Posado sobre una roca tiene el cuerpo de color blanco crema. Toda la cara es amarilla, excepto el extremo del pico, negro. El cuello y la nuca semejan una crin, con las plumas levantadas, leonadas. Los jóvenes son más oscuros, con la cara y pico de color azulado. Hasta los cinco años de edad no alcanzan el color adulto definitivo.

La baribañuela vive entre cortados rocosos y amplias llanuras. Por la mañana levanta el vuelo con las primeras corrientes térmicas producidas por el calor del sol y remonta en busca de signos de comida: vigila los movimientos de urracas y cuervos y, cuando les ve bajar al suelo, alborotados, se acerca a explorar. El alimoche es, por tanto, el primer buitre en llegar a las carroñas, pero ha de darse prisa en comer: su tamaño es pequeño y no puede competir con los voraces buitres leonado y negro. Cuando llegan estos parientes de mayor tamaño, lo echan de allí. Para aprovechar rápidamente le cadáver, la baribañuela tiene dos estrategias. Al principio, picotea las partes más blandas de la carroña, como los ojos o la zona de heridas del cadáver (causadas por depredadores, una caída del animal o los picotazos de cuervos y urracas). Cuando llegan los buitres mayores, se aparta y se queda a la espera, a unos metros de distancia, observando cómo éstos abren el cadáver y arrancan piel, intestinos o tendones... En cuanto ve algún pedazo suelto, salta rápidamente entre ellos y roba la comida.

La fama del alimoche se la ha dado su capacidad innata de usar herramientas. En un experimento famoso de Félix Rodríguez de la Fuente, se demostró que estas aves nacen con la capacidad innata de recoger piedras con el pico y lanzarlas contra los grandes huevos de avestruz, para cascarlos. Si el huevo es de gallina u otra ave pequeña, los recoge con el pico y los lanza contra una piedra del suelo, como contra un yunque.

En épocas con poca cantidad de carroñas, la baribañuela captura reptiles, anfibios y pequeños mamíferos de la llanura. Algunas citas describen alimoches entrando en colonias de aves y atrapando a los pollos en sus nidos e, incluso, a adultos. También se les solía ver, hace décadas, cerca de casas de campo, cortijos o pueblos, merodeando próximos a animales domésticos. Una de sus fuentes de alimento provoca otro de sus nombres –boñiguero–, pues usa las boñigasde grandes herbívoros para rebuscar en ellas restos de alimento sin digerir o invertebrados.

Los alimoches emigran a África, para pasar el invierno. Regresan a mediados de marzo y pronto comienzan los vuelos de cortejo. En ellos, la pareja recorre el territorio buscando una repisa en la que hacer el nido. El sitio ideal es un saliente con cornisa, que le proteja de la lluvia. A finales de abril, la pareja ha terminado el nido de ramas y la hembra pone entre uno y tres huevos, que incuban entre ambos. La incubación es larga, de un mes y medio. El pollo del huevo puesto en primer lugar sale antes y alcanza más tamaño que sus hermanos, que van eclosionando días después. El primer pollo comienza a comer antes de que el tercero haya salido del nido y esto le da todas las ventajas en un mal año de alimento: es el único que sobrevive.

El pollo permanece dos meses y medio en el nido, hasta que comienza a dar los primeros aleteos. Se acerca al borde de la repisa, contra el viento, abre las alas y empieza a levantarse levemente, mientras aprende a controlar la técnica del planeo. De repente, una mañana sube un poco más y sale del cantil, volando por primera vez.  Ese año ya viaja hasta África, con los adultos, y allí se queda 3ó 4 años, hasta que regresa para comenzar su vida en pareja.


Situación en Castilla y León:

El mejor censo realizado en los años 80 estimaba que había entre 1.000 y 2.000 parejas de alimoches en toda España. Sabemos que en estos 20 años, el número de ejemplares ha descendido y, aunque se le ve en gargantas fluviales de Segovia, León, Soria, Burgos y, sobre todo en los Arribes del Duero, es difícil censar el número de parejas actuales.

Hay varios proyectos de recuperación de la especie, dirigidos, sobre todo, a mejorar el manejo del territorio y a ofrecerles comederos artificiales (la crisis de “las vacas locas” eliminó los muladares naturales, la fuente principal de alimento de todas las carroñeras).

CNEA: “en peligro”

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