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Fuente de piedra De Medina del Campo a Siete Iglesias

En Medina del Campo, como queriendo zafarse de la proximidad de la autovía de La Coruña, los caminantes que vienen de Valencia se dirigen hacia Compostela buscando la Vía de la Plata en Zamora. Y lo hacen por caminos, calzadas y cañadas alejadas de otras vías de comunicación más ruidosas y concurridas.Por eso, salen de Medina buscando la carretera de Villaverde y tomando a la derecha el primer camino, una vez superado el convento de las Dominicas Reales. Cruzamos las vías del ferrocarril y nos encontramos en medio de una cañada o cordel real recientemente amojonado.El cordel es, además, un verdadero humedal en el que se refugian diversas aves. Al otro lado de la vía tenemos la fuente de Piedra, que tiene un amplio abrevadero.Y, entre el ferrocarril y el Zapardiel, nos conduce a dos aldeas maravillosas y perdidas en este alomado terreno: Dueñas de Abajo y Dueñas de Arriba, que conservan un sabor secular. Milagrosamente no se han despoblado del todo y da la impresión de que en esta pequeña comarca se hubiera detenido el tiempo. Después de pasar las Dueñas caminamos por una amplia pista: al Norte, en la alameda, vemos la ermita de Nuestra Señora del Castillo o de Carrioncillo. Al Sur, la torre de la iglesia de Villaverde. Después de cruzar el AVE llegamos a Nava del Rey, en plena llanura castellana y dominada por el cerro donde se levanta la ermita de la Concepción. Los alrededores, al igual que la localidad misma, asombran por su luminosidad. Y por su arquitectura tradicional, cuyo elemento básico es el ladrillo. Bodegas, soportales, casas señoriales con escudos, y construcciones típicas como el pozo de la nieve, se manifiestan al paso del peregrino. Dejamos Nava, pero seguimos por lugares luminosos y tranquilos, alejados de cualquier otra ruta. Cruzamos cañadas y nos presentamos ante el cauce seco del río Trabancos, que muestra su lecho arenoso y conserva cierto frescor, prados y árboles sueltos. Y lloramos un poco su muerte, acaecida a principios de los años sesenta: aquí donde le veis, tuvo agua corriente todo el año -en verano un hilillo-, movió molinos, albergó peces y cangrejos, y en sus pozas se bañaban lo críos... hasta que una reforma agraria lo dejó seco. Tal cual lo vemos.

De Siete Iglesias a Villafranca de Duero

Y llegamos a Siete Iglesias de Trabancos, que también está cimentada en la tradición y construida en ladrillo. Aunque aparentemente le falten iglesias, si preguntamos a un arropero cualquiera, acabarán apareciendo más de siete. Después de refrescarnos en la famosa fuente de la Mora -o en algunos de sus bares- nos vamos de frente, subiendo y bajando lomas, contemplando paisajes llanos y profundos, cruzando caminos y una cañada real, la de Salamanca que goza de su ancho primitivo y se encuentra protegida, esto es, bien amojonada. Y, además, es lindero entre Siete Iglesias y Castronuño. De la cañada bajamos hasta el cauce del arroyo de la Pitanza, que no trae agua, pero conserva alamedas, higueras, almendros y chopos, además de pinarillos. Por fin, siguiendo el camino de la Alameda, entramos en Castronuño, en plena Florida del Duero. La localidad dispone de albergue municipal para peregrinos. Aquí hay que perder el tiempo, subir a la Muela y contemplar sin prisa la amplia curva de un caudaloso Duero, la ribera, las dehesas de encinas, siempre en compañía de la iglesia románica del santo Cristo. Hay buena carne de sus muchas dehesas, una de ella de reses bravas. De Castronuño a Villafranca vamos saltando arroyos por un camino -el de los Ladrones- de amplias vistas al Norte que nos señalan la otra orilla del Duero, tapizada de monte. Seguimos las marcas del sendero de GR y encontramos bodegas tradicionales. En Villafranca también nos acercarnos al río, para ver el ancho Duero que discurre entretenido por álamos y pesqueras. Y también probamos los caldos de sus dos denominaciones de origen: verdejo de Rueda y tinto de Toro.Finalmente, por un camino cerca del río y del canal avanzamos entre pinares y campos frescos hasta salir de la provincia de Valladolid para llegar a Toro, donde nos topamos primero con el puente romano, si bien la torre de la Colegiata nos ha saludado desde mucho tiempo antes. Arriba, majestuosa, la ciudad de Toro.

Datos de la ruta

Circular: No

Desnivel (m): inapreciable

Dificultad: baja

Época ideal: cualquiera

Fuente:

Señalizada: si: flechas amarillas; carteles

Tipo de ruta: a pie, en bici

Coordenadas GPS

Dónde encontrarlo

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Criterios generales
Datos de la ruta
Longitud ( - )
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