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Honquilana - Medina del Campo

Lagunas reales Se incluye el Camino de Santiago desde Levante en razón a que es una ruta de carácter turístico -y, por supuesto, religioso, ya que es peregrinación- que atraviesa nuestra provincia. Pero, a diferencia del Camino de Madrid que cruza a la sombra de caminos reales y cañadas,éste aprovecha el trazado de carreteras nacionales, razón por la cual el hacer este camino puede no ser tan agradable. Bien es cierto que con frecuencia se aleja de la carretera.En todo caso, mentaremos los aspectos naturales y paisajísticos más importantes, sin decir nada del arte que encierran las iglesias u otros edificios a los que este camino se acerca, como es pauta general en esta recopilación de senderos.Un peregrino que de Alicante viniera, estaría comenzando su etapa 24 al salir de Arévalo. De aquí llegaría a Palacios de Goda y enseguida entraría en Valladolid por Honquilana, localidad que se encuentra totalmente en ruinas. Hasta hace unos años parte de la iglesia y de algunas casas estaba en pie, pero hoy parece que hubiera pasado una máquina destructora por segunda vez. Entre el camino que llevamos y la autovía hay una hilera de chopos y orilla del camino que une Honquilana con esa carretera, una fuente con sus pilones, que debió dar origen a la población, nos puede refrescar todavía. Y más al Este -en San Pablo de la Moraleja- tenemos las ruinas de un convento cuya nave tiene ahora un romántico solado de hierba...Al cruzar a la altura de Ataquines vemos al otro lado -al Oeste- precisamente los ataquines, peculiares montículos típicos del paisaje de Medina que dan nombre al pueblo.
La siguiente localidad es San Vicente del Palacio, adornada por un Zapardiel que cruza normalmente seco y que es poco más que una zanja. Más hacia el Oeste tenemos grandes posibilidades de avistar grullas -en invierno- y avutardas en cualquierépoca del año. No obstante, las riberas del Zapardiel aún conservan prados verdes desde el otoño hasta la primavera.Después de atravesar junto al humedal catalogado de las Lagunas Reales y distintos pinarillos a un lado y a otro del camino, llegamos a Medina del Campo, fin de esta etapa.Medina del Campo - TordesillasMedina del Campo, la verdad, da para mucho, pues cada piedra -y cada ladrillo- encierra una página de su historia y es un pedazo de su arte. Pero como si nos detenemos a contar sólo un poco de Medina, aquí nos quedaríamos durante páginas y días, salimos por la vieja carretera de La Coruña con sus fábricas y almacenes de muebles y pasamos al otro lado de la autovía para seguir por la cañada real leonesa, reducida hoy a poco más que un camino. Junto a las enormes antenas -signo del progreso- vemos también las humildes ruinas de la ermita de San Cristóbal. Son un buen mirador para contemplar el campo de Medina. De la laguna de la Cominera ya no queda nada. Está seca.
La cañada es una vía agradable, con ligeras curvas y pequeñas ondulaciones que suben y bajan. Pasamos junto a lo que fue una laguna y un torrejón: es el espacio donde se levantara la primitiva Rueda, al final de la Edad Media. Después de cruzar entre perfectos bacillares, llegamos a la moderna Rueda, capital del buen Verdejo. Hay que probarlo mientras descansamos un poco. En medio del camino, de la cañada y de Rueda vemos la ermita del Cristo de las Batallas. Rueda tuvo un hospital, refugio de peregrinos. Y nos vamos porla calle Real, carretera de La Coruña. Siguiendo la cañada, que pasa junto a pastizales, pinares y tierras de labor, a la derecha de la autovía, llegamos al puente de Tordesillas sobre el Duero. Enél nos paramos a contemplar lo mansamente que fluye el Duero para desmelenarse en la pesquera de las aceñas del Postigo. Y también para disfrutar de la alineación que dibuja junto al río el monasterio de las Claras, la iglesia de San Antolín con su torre y las Casas del Tratado. Se palpa la presencia de Doña Juana. Esta localidad también contó con un importante hospital de peregrinos.Tordesillas - Mota del MarquésY de nuevo a caminar. Ahora tomamos la carretera de Medina de Rioseco y nada más saltar la autovía la seguimos, girando a la izquierda. Un polígono industrial nos acerca a Villavieja del Cerro. Está bien claro lo del cerro, ¿no?, del cerro de San Juan, que en su mesa todavía conserva siglos de historia y prehistoria a juzgar por los vestigios que deja ver. Y en la ladera, una pista de esquí inacabada. Curiosa mezcla. A la derecha seguimos dejando otros cerros, que en realidad son el páramo de los Torozos que se extiende nada menos que de aquí hasta la ciudad de Palencia.Una posibilidad es seguir camino pasando por Bercero, que tiene buenas fuentes y se encuentra protegido por las laderas del páramo. Es, desde luego, el trayecto más agradable pero también un poco más largo (unos 4 kmts). La otra alternativa es continuar por el camino de servicio de la autovía; disfrutaremos de alguna mancha pinariega.De una forma u otra, llegamos a Vega de Valdetronco. ¿Qué os parecen las costillas de la ermita de la Virgen de Canteces, hoy convertida en cementerio? La Iglesia de Vega nos recuerda a la de Rueda, por sus adornos laterales. Cruzamos el Hornija, río comunero, y seguimos camino. Las calles, las casas, sus puertas y ventanas son de una rusticidad imaginativa y agradable. Y por aquí, siguiendo el río Hornija, cruzaron los Comuneros en su última marcha hacia Villalar.Un poco más y estamos en Mota del Marqués, con su viejo y peculiar castillo arruinado y las piedras calizas de sus palacios e iglesias, de un color particular, como naranja bruñido cuando reciben los últimos rayos del sol.

Mota del Marqués- San Pedro de Latarce

Mota no sólo tiene un castillo, también tiene ¡Castilla en ruinas! los restos de una vieja iglesia que sigue cayéndose a pedacitos, en la misma ladera y encima del pueblo.Cruzamos el Bajoz para acercamos a la ermita de Nuestra Señora de Castellanos, cuyo origen se debe al conde Fernán González. Seguimos ahora por el lado izquierdo. Subimos al páramo y contemplamos un viejo chozo de pastor, que nos recuerda a qué se dedicaron estas tierras hace siglos. Al poco, la inmensidad de Tierra de Campos se presenta a nuestros ojos, que no encuentran un punto donde descansar. Bajamos y, al Este, apoyada en la ladera, contemplamos una vez más otra iglesia en ruinas: la que perteneciera a la localidad desaparecida de Almaraz de la Mota.Más abajo nos espera Villardefrades, donde vemos la curiosa iglesia inacabada de San Andrés, en piedra de sillería. Pretendió ser una catedral, pero no llegó ni tan siquiera a ermita. En Villardefrades podríamos desviarnos para visitar palomares, bodegas o restos de un tejar o de molinos de viento, que de todo hay en esta localidad terracampina. Y vamos camino de San Pedro de Latarce dejando atrás el páramo de los Torozos y al Este la atalaya de Urueña. Ahora se hace camino entre extensos campos de labor. En esta localidad nos espera también el río Sequillo, un puente romano,las murallas de un castillo y un molino de barro, entre otras construcciones.Poco después, nos despedimos de la provincia de Valladolid entre lomas, cuestas y alguna que otra aislada encina. Seguimos por Zamora camino de Santiago de Compostela.

Datos de la ruta

Circular: No

Desnivel (m): 150

Dificultad: baja

Época ideal: cualquiera

Fuente:

Señalizada: si: flechas amarillas; carteles

Tipo de ruta: a pie, en bici

Coordenadas GPS

Dónde encontrarlo

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Criterios generales
Datos de la ruta
Longitud ( - )
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