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Este páramo es como una larguísima y estrecha lengua que va desde las provincias de Palencia y Burgos hasta la misma ciudad de Valladolid, desfilando entre el río Esgueva - al Sur - y el arroyo Madrazos y sus afluentes por el Norte. Si la comarca del Cerrato se caracteriza por eso, por sus cerratos, esto es, cerros pequeños, este páramo de pequeño no tienen nada, que son muchos kilómetros los que salva... Otra peculiaridad es que está literalmente salpicado de multitud de chozos de pastor y corralizas. ¿Qué significa esto? Pues que a pesar de que ahora vemos muchos campos roturados dedicados - sobre todo - al cultivo de secano, antaño debió haber gran abundancia de monte. Y aún queda un poco: muchas laderas están cubiertas de matas de roble o encina, y también quedan manchones en la llanura. Los campos de los agricultores no ofrecen pasto, pero sí el monte y los prados. Y no hay pueblos, que las poblaciones se levantan en los valles. Por eso, este lugar es solitario y agreste. Todavía hoy son abundantes - relativamente, claro - los lobos, razón por la cual los pastores llevan buenos perros con carlancas. En definitiva, que estos parajes son ideales para pasear alejados del mundanal ruido de la ciudad... Pero no hemos contado casi nada de nuestro sendero. Nada más salir de Torre nos adentramos, por un excelente camino, en un precioso valle en el que abundan arroyos y fuentes. Poco a poco ascendemos y, en el desvío del camino vemos corrales y un chozo. Atravesamos la lengua de páramo para llegar a un increíble, precioso y ya olvidado lugar: los corrales de Blas. Se trata de un idílico prado, bordeando ya la paramera, con restos de unos 15 corrales y dos chozos. Antaño debió de utilizarse mucho. Hoy es uno de tantos lugares que tiene la provincia para perderse y desaparecer...
Circular: No
Desnivel (m): 100
Dificultad: baja
Época ideal: otoño, primavera
Fuente: No
Longitud: 8 km
Señalizada: no
Tipo de ruta: a pie, en bici
- Torre de Esgueva